Cristo y la voluntad de Dios

Cristo y la voluntad de Dios

Cristo es nuestro abogado. 1 Juan 2:1-6 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis;  y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” 1 Juan 2:1-2... 


De una manera paternal y afectuosa el apóstol Juan llama a sus lectores “hijitos”. Para aquel momento el apóstol está muy anciano, por muchos años ejerció el ministerio y muchos de sus lectores eran hijos espirituales.

Debido al pecado cometido Juan les ofrece confianza. Satanás (el “acusador”) demanda la muerte para el pecador, pero el mejor abogado defensor de toda la ceración esta de su lado, Jesucristo es nuestro abogado. Fue él quien sufrió el castigo por usted, y él obtuvo la victoria.

Jesús derramó su sangre por nosotros, y puede presentarse delante de Dios como nuestro mediador e intercesor, pues su muerte en la cruz satisfizo la ira de Dios contra el pecado y pagó con su sangre por ellos. En Cristo somos justificados.

Estamos seguros de ser de Cristo cuando vivimos como Cristo quiere. ¿Y qué quiere Cristo? El apóstol Juan nos dice “que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros”. “Andar como él anduvo” o vivir como vivió Cristo implica seguir su ejemplo de total obediencia al Padre celestial y de servir con amor a los demás.

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Amar es hacer la voluntad de Dios. 1 Juan 2:7-11.  

Sin duda la Biblia nos enseña el mandamiento del amor, es un mandamiento nuevo y es antiguo al mismo tiempo. Es antiguo ya que está establecido, por ejemplo en Levítico 19:18 y es nuevo porque el Señor Jesús lo interpretó de una forma nueva: Juan 13:34-35.

En el pueblo de Dios el amor no se expresa solo mediante el respeto; también se expresa a través de la abnegación y el servicio (Juan 15:13). El amor que enseña nuestro Señor Jesús llega incluso a los enemigos (Mateo 5:43-48). El amor es el cimiento para caminar en la luz, pues el rencor no permite el crecimiento espiritual.

El amor de Dios en el cristiano no debe ser un sentimiento o emoción, el amor es una elección. Pues podemos optar por interesarnos en el bienestar de las demás personas y preocuparnos sinceramente por ellas con respeto, haya o no afecto por ellas. Es Dios mismo quien nos ayuda a expresar nuestro amor a nuestro semejantes. 


Escrito por pastor Gonzalo Sanabria.

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