La Biblia nos enseña claramente
que someter nuestro orgullo engrandece al Señor Jesucristo. Dios busca corazones
dispuestos a seguir su dirección. Vemos por ejemplo que el profeta Isaías dijo
al Señor: “Heme aquí, envíame a mí”; también el profeta Samuel expresó: “habla
que tu siervo oye”; y María dijo a Dios: “hágase conmigo conforme a tu palabra”.
La obediencia a Dios traerá los mejores resultados…
